Muchos son los turistas que visitan la capital austriaca para encontrar emocionantes espectáculos de música clásica. Al caer el sol, las antiguas iglesias se convierten en salas de conciertos gracias a su privilegiada acústica y el fiel sonido de su órgano principal.

La sinfonía y la arquitectura recrean una atmósfera única para escuchar música clásica en las iglesias de Viena.

Estos espacios sacros suelen comercializar entradas a precios accesibles, lo cual se convierte en una excelente oportunidad para deleitarnos de esta manifestación artística sin  sobrepasarse del presupuesto vacacional.  

La tradición musical en Viena  tiene una larga historia, ya desde la época del Imperio Habsburgo había una predilección por este estilo de arte. La casa real convocaba a los mejores compositores e intérpretes para deleitar a las cortes durante los momentos de esparcimientos.

Mozart, Vivaldi, Bethoveen, entre otros grandes exponentes, se destacaron en estas tierras. Hoy sus magníficas interpretaciones vuelven a sonar en distintos espacios culturales de la ciudad, pero escucharlas en unos de los templos religiosos se convierte en una experiencia fascinate.

imagesLa Opera de Viena es el edificio máximo dedicado a las manifestaciones culturales del país, y es una referencia de la música clásica a nivel mundial. Inaugurado en 1869 por primera vez, abrió sus puertas bajo el talento de Wolfgang Amadeus Mozart, con la pieza “Don Giovani”. En la actualidad, hay funciones casi todos los días del año.

La excelencia musical vienesa también es transmitida por el Coro de Niños Cantores y la Orquesta Filarmónica. Ambos conjuntos tienen sede en el país, pero recorren el mundo con sus interpretaciones y son aclamados por la crítica internacional. Integrar alguna de las dos orquestas significa la consagración de cualquier artista.

 

Por último, pero no menos importante, una de las representaciones musicales vienesa más escuchadas es el vals Danubio Azul. Esta pieza musical compuesta en 1866 significó un giro en las monótonas óperas de la época. Esta oda al romántico río que cruza la capital de Austria fue ejecutada por compañías sinfónicas de todo el mundo y su vigencia continúa hasta hoy en día.

Por todos estos motivos y muchos más, Viena es la ciudad de la música clásica por antonomasia.

 

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