Arriesgó su propia vida para rescatar a miles de judíos del holocausto. Pero cuando la pesadilla de la segunda guerra mundial terminó, las tropas rusas lo arrestaron bajo la sospecha de ser un espía norteamericano. Su desaparición nunca fue esclarecida. Estados Unidos se desentendía del caso por tratarse de una persona nacida en Suecia y los soviéticos afirmaban que había muerto, a pesar de que varios testigos aseguraban lo contrario.  

Homenaje en Budapest, Hungría.

Raoul Wallenberg nació en 1912 en el seno de una familia sueca de clase acomodada. A los tres meses de vida la fatalidad lo golpea por primera vez, su padre muere víctima de un cáncer. Su madre vuelve a contraer matrimonio y de esa unión nacen sus dos hermanos.Completó su formación profesional en los Estados Unidos, donde obtuvo su título como arquitecto y aprendió a dominar perfectamente los idiomas inglés y ruso.

De vuelta en su país natal, su abuelo, quien era un destacado hombre de negocios, lo recomienda para una empresa naviera sueca en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. A través de relaciones que establece con personas de religión judía, comienza a conocer las atrocidades cometidas por el nazismo.

30.000 judíos fueron rescatados por Wallenberg, aunque algunos historiadores aseguran que el número puede ascender a 100.000.

Cementerio judío en Terezín, Hungría.

Su capacidad intelectual, su habilidad para los idiomas y su apellido influyente fueron las llaves de entrada para iniciar una carrera diplomática. Instalado en Budapest, su fuerte vocación humanitaria lo lleva a rescatar la mayor cantidad de judíos posibles a través de la falsificación de documentos, sobornando militares nazis y en algunos casos hasta amenazándolos.

Instalado en la capital húngara, su gran percepción de las relaciones humanas le permite entender el modus operandi nazi y su debilidad por la simbología. Basándose en esto, diseña pasaportes suecos con un nivel de veracidad que engaña a los militares nazis. De esta forma, evita que muchos judíos sean enviados a los campos de concentración, haciéndolos pasar como ciudadanos suecos en tránsito que esperaban la apertura de la frontera.

“La verdad es que al principio ni Wallenberg, ni nosotros, ni sus colegas, supusimos que su acción de rescate crecería a tal escala”, palabras de Per Anger,Secretario de la Embajada Sueca en Budapest durante la Segunda Guerra Mundial

Cuando el ejército rojo toma el control en Hungría parecía que los años de terror habían terminado y, sin embargo, el futuro era más oscuro aún para Wallenberg. Los soviéticos veían con recelo a este diplomático que hablaba perfectamente ruso e inglés, involucrado profundamente en una causa donde no obtenía ninguna ganancia personal.

Los tiempos cambiaron y la configuración política también: los Estados Unidos y la Unión Soviética, que se habían aliado para derrotar al enemigo común, ahora se declaraban como enemigos en el marco de la guerra fría.  En enero de 1945, Raoul Wallenberg y su chófer fueron enviados como prisioneros a Moscú y nunca más recobraron su libertad.

 A medida que se iban esclareciendo los crímenes cometidos en la segunda guerra mundial, el reclamo de la aparición con vida del diplomático era cada vez más fuerte. Ante la presión internacional, un documento soviético afirmaba en 1957 que Wallenberg había fallecido en una prisión soviética. Sin embargo, algunos testigos contradicen esta versión y aseguran haber compartido prisión después de la supuesta fecha de fallecimiento.

La vida de Raoul Wallenberg fue llevada al cine en cuatro oportunidades. La película Buenas Tardes Señor Wallenberg proyectada por primera vez en 1990 sensibilizó tanto al público como a la crítica.

En la década del 80, la heroica labor de Wallenberg fue cobrando popularidad y en muchos países se comenzó a difundir su obra para concientizar sobre la xenofobia que sufren los grupos minoritarios. Mientras tanto, familiares, amigos y activistas siguen reclamando el esclarecimiento del “Angel de Budapest” como suele ser recordado en esta ciudad.   

Homenaje a los judíos muertos durante el holacausto

En la actualidad, la fundación Raoul Wallenberg difunde la obra del “Heroe sin tumba”, como suele llamarse a Wallenberg, el hombre que salvó del infierno a miles de judíos y, sin embargo, fue condenado como un criminal por las tropas que venían a ponerle fin al horror nazi.

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