El pueblo checo, como muchos otros, sufrió en carne propia las atrocidades del régimen Nazi. A menos de 100 km de la ciudad de Praga, se encuentra “Terezín” un ex campo de concentración por donde pasaron más de 144 mil judíos. 

Originariamente fue construido como una fortaleza en el año 1780 bajo las órdenes del emperador austríaco Joseph II, quien la bautizó con el nombre de “Terezín” en honor a su madre María Teresa.

Hoy en día se convirtió en un museo abierto al público y conserva muchas de las instalaciones originales que demuestran el triste destino que tuvieron tantas almas inocentes condenadas por la masacre nazi.

Sus orígenes

El campo de concentración fue instalado en el pueblo Theresienstadt por la Gestapo en el año 1940 con el objetivo de convertirse en un “modelo” de colonia judía para el mundo exterior.

Pero muy pronto fue evidente que las intenciones eran convertirlo en un guetto, por más que la propaganda nazi intentara mostrar el lugar como “la ciudad que le regalaban a los judíos”.

Recorrer Terezín genera un gran impacto emocional.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, la Cruz Roja rescató 17 mil sobrevientes, quienes se encontraban en un estado de salud tan deplorable como casi nunca antes había sido visto.  

Uno de los memoriales.

Si bien la finalidad de este campo no era de exterminio, muchas de las personas recluidas aquí encontraron la muerte por las terribles condiciones de vida a las que fueron sometidas. El hacinamiento, la escasa o nula comida y el frío extremo provocaron enfermedades mortales. Para muchas víctimas, Terezín también fue un lugar de tránsito hasta ser trasladadas a las cámaras de gas en Auschwitz.

Las imágenes más impactantes son el crematorio y el cementerio, los cuales fueron instalados por las autoridades nazis. Según las estadisticas, 30.000 personas fueron cremadas mientras que 9.000 almas descansan en el cementerio.

La visita promedio a Terezín suele durar 4 horas y es muy accesible llegar desde la ciudad de Praga.

 

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