La capital de la República Checa es una de las 20 ciudades más visitadas del mundo. Su historia es tan impactante como su arquitectura. Sus puentes y estatuas cubiertas bajo el cielo gris logran un escenario característico de los cuentos de hadas protagonizados por príncipes, heroínas y brujas. 

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Vista del castillo de Praga, desde el famoso puente Carlos.

Praga en el siglo XX

Luego de la caída del Imperio austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, se formó el estado de Checoslovaquia (actuales países de República Checa y Eslovaquia). La región fue invadida por el Régimen Nazi y sus ciudadanos sufrieron la crueldad de la sanguinaria ocupación liderada por Adolf Hitler.

Con el triunfo del bando aliado, Checoslovaquia fue gobernada bajo el liderazgo del bando soviético. Los años venideros fueron muy duros para la población pero con los aires del Mayo Francés del años 1968, se empezó a reclamar un “socialismo con un rostro más humano”.

Recién en 1989, bajo la “Revolución del Terciopelo”, el país logró su independencia de la Unión Soviética, y cuatro años más tarde la región se dividió en los dos actuales países: República Checa y Checoslovaquia.

Puente Carlos

Es el símbolo de la ciudad. En sus costados se encuentra 30 estatuas de imponente tamaño que representan las personalidades más importantes de la historia de Europa Oriental.

Torre de la Pólvora, en la entrada de la ciudad. Su color se debe a un devastador incendio ocurrido en 1475.

La construcción del Puente Carlo comenzó en el año 1300 y durante mucho tiempo fue la única vía de comunicación entre la ciudad vieja y el castillo de Praga, dividido por el río Moldava. Con 500 metros de longitud íntegramente en piedra, su nombre fue en honor al rey Carlos VI.

Reloj Astronómico de Praga

Ubicado en el centro de la ciudad, el Reloj Astronómico fue algo completamente moderno cuando comenzó a funcionar en 1410. Las autoridades de aquel entonces eran tan celosas del avanzado artefacto, que, cuenta la leyenda, le arrancaron los ojos al maestro relojero que lo ideó para que nunca mas volviera a construir uno igual.

El reloj astronómico se encuentra en la torre del edificio del Ayuntamiento.

Museo Nacional
Museo Nacional

Si bien la historia y el arte pueden palparse por las calles de la ciudad, quienes aprecien la cultura, encontrarán museos con destacadas colecciones y nacionales e internacionales.

Una experiencia única es presenciar una función del teatro negro de Praga, en donde el escenario está cubierto por un fondo negro y sólo se destacan con luces aquellas figuras que se desea que el espectador debe observar, creando un ambiente de fantasía sorprendente.

 En el antiguo barrio de Mala Strana, se encuentra el muro de John Lennon, un amplio paredón decorado con grafitis en honor al líder del grupo musical “The Beatles”. El cantante no fue solamente un estrella de rock en el país sino que también significaba un modelo de lucha pacifista frente a los atropellos del poder comunista.

Muro de John Lennon en el barrio Malá Strana (pueblo pequeño).

La capital de República Checa también ofrece inolvidables vistas durante la noche. Gracias a la iluminación y las irregularidades del terreno, recorrer las calles de Praga se convierte en un paseo mágico.

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