Conocida como la “Venecia del Norte”, la ciudad belga ofrece impactantes vistas, valiosa arquitectura y los chocolates más deliciosos.

Los edificios medievales, parques y canales son las mayores atracciones.

La ciudad tuvo su época de esplendor durante los siglos XVI y XVII por ser centro estratégico del comercio europeo. Actualmente su principal fuente de ingresos proviene del turismo y del trabajo relacionado con esta actividad.

Brujas fue nombrada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Malas traducciones: En inglés el nombre de la ciudad es “Bridge”, cuyo significado es puente. Pero en español se asoció este sonido con la palabra Brujas, lo cual se fue popularizando hasta adquirir definitvamente este nombre.

Como toda urbe europea, posee plaza central, ayuntamiento e  iglesia principal, y alrededor de estos edificios, se configura la vida social entre sus habitantes.

“Grote Markt”, el espacio público principal de la ciudad donde se encuentra el mayor mercado de productos regionales.

Si alzamos la vista, apreciaremos decenas de antiguas torres y campanarios, mucho de ellas con un claro estilo gótico. A pesar de los nuevos aires de modernidad, los ciudadanos han conservado con esfuerzo estas reliquias históricas que incluso sobrevivieron a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Una de las postales más retratada es el canal de Dijver, donde el agua se une con las altas paredes de piedra y los flondosos árboles aledaños.

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Canal Dijver

Bélgica es un país pequeño de Europa, lo cual facilita el traslado de una ciudad turística a otra. Brujas puede recorrerse perfectamente durante un día, si no tenemos intención en visitar museos o profundizar demasiado en su historia.

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