Durante el siglo XVII hubo dos maldiciones que golpearon fuertemente la ciudad. Entre los años 1665 y 66, la Gran Peste acabó con la vida de 100,000 londinense, más de una quinta parte de la población de ese entonces. Aunque el causante del brote no fue identificado se cree que el contagio fue a través de pulgas de ratas provenientes de países donde años anteriores habían sucedido epidemias de características similares.

Las primeras víctimas mortales fueron en los sectores de menores recursos y como estos casos no fueron registrados,  la peste fue avanzando hasta llegar a los más pudientes. La familia real se trasladó a las afueras de la ciudad  al igual que aquellos sectores que contaban con recursos económicos. Muchos clérigos y médicos decidieron quedarse en la ciudad, pero las pocas medidas higiénicas de la época y los escasos fondos para la asistencia, hicieron que la peste sea invencible. Algunos teóricos coinciden que la infección desapareció cuando llegó el invierno y cuando los grupos más vulnerables a contraerla habían muerto.

La destrucción del fuego

Otra tragedia fue el gran incendio de 1666, que tuvo una duración de tres días y dejó a 80 mil personas sin hogar, destruyendo también iglesias, puentes y otros espacios públicos. El foco se originó en una panadería “Pudding Lane”, debido a que el cocinero no había apagado el horno. En esa época, la mayoría de las casas eran de madera y paja, lo que facilitó la propagación de las llamas.

Hay quienes sostienen que si el alcalde no hubiera subestimado el incendio, éste podría haberse extinguido en las primeras horas, pero al no autorizar derribar las casas aledañas a la panadería, el fuego se volvió incontrolable.

El triste evento es recordado por dos monumentos. Una torre estilo dórico de 61 metros de altura, misma distancia que existe desde allí hasta la panadería donde se originó el fuego. Mientras que “The golden boy of Pye Corner” se encuentra en el lugar donde se terminó.

 

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